De vuelta a lo básico



¿A quién estamos afectando, cada vez que compramos un producto? ¿ Que consecuencias trae el comprar cierto producto? La verdad es que no lo sabemos. Hace muchos años exisitian fuertes relaciones entre los clientes y el vendedor. Se conocían quienes eran nuestros sastres, ebanistas, zapateros y tenderos. Las tiendas eran conocidas a nivel de barrio o incluso a nivel de ciudad. El acto de la compra como tal, no era simplemente una transacción económica, era un acto de inversión al saber que el dinero que se estaba pagando iría directamente al fabricante y su familia.


Con la creación de la línea de ensamblaje y el interes de industrializar todos los procesos de manufactura, las compañías cambiaron rápidamente su enfoque. La economía creció y ahora no bastaba producir para un mercado local sino que era una necesidad el crecer y enviar productos al extranjero. La idea era producir en masa.

Subitamente nos vimos forzados a cambiar las relaciones que existían, ahora no pensabamos en ese beneficio de la compra, sino de buscar el producto más barato. Esa eficiencia que buscan las compañías esta basada en las interminables jornadas de trabajadores sin nombre. De repente perdimos algo que no pensábamos que fuéramos a perder: la conexión humana.

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