El niño que cultiva el viento




Por allá en el año 2001, William Kamkwamba, era un niño de 14 años de edad quién se vio forzado a dejar la escuela secundaria porque sus padres no pudieron seguir pagando, allá en el lejano país de Malawi en la parte oriental de Africa. Cuando Kamkwamba dejo la escuela, se dirigió a su biblioteca local, y se dedicó a leer todo lo tuviera que ver con ciencia. Al encontrar una guía de bricolaje para hacer un generador de viento, se dio a la tarea de construirlo. Para ello utilizó un ventilador de un tractor, amortiguadores, tubos de PVC, el marco de una bicicleta y cuanta cosa le sirviera y se le cruzara por delante. Posteriormente construyó una torre de madera rudimentaria y logró colocar un generador casero en la parte superior, y finalmente, cuatro bombillos para poder iluminar.

Kamkwamba es presentado ahora como el héroe y genio de la humilde Malawi. Hace un par de meses estuvo en California y Chicago, asistiendo a conferencias de tecnología, incluso alabado por Al Gore y varios ambientalistas. La realidad es que muchos de los países en desarrollo dependen igualmente de la innovación e inventiva de su gente desarrollando ideas y maneras de vivir sin dinero y muchas veces con muy pocos recursos.
En Africa hay varios ejemplos como la adaptación de bicicletas para convertirse en afiladores de cuchillos o también para cargar las baterías con la energía de los pedalazos. Muchos de los mosquiteros repartidos en este continente se han convertido en redes de pesca. Los pueblos Masai han ideado un sencillo proceso de destilación de agua mediante la colocación de tuberías sobre fumarolas volcánicas. Muchas comunidades de Malawi y el Congo han encontrado formas ingeniosas para elevar el agua de los ríos y pozos para el riego. En Tanzania, grupos de mujeres están aprendiendo a fabricar y adaptar ollas que cocinan sin necesidad de fuego, evitando la tala de más árboles y mejorando la calidad del aire en sus propios hogares.
A las afueras de Dhaka, en Bangladesh, uno de los países menos desarrollados en el mundo tecnológico, trabajan miles de personas no entrenadas en el uso de herramientas rudimentarias pequeños talleres para hacer y copiar de todo, desde piezas de automóviles sofisticados, hasta relojes de alta moda. Mercados en Ghana, Senegal y Sudáfrica, están llenos de artistas de metal que toman las latas de plaguicidas viejos y los convierten en obras de arte o juguetes.
Mientras tanto, los aldeanos en el sur de Bangladesh han encontrado la manera de entrelazar jacintos de agua para hacer grandes jardines flotantes en los que pueden cultivar alimentos cuando se inundan sus tierras. Innovadores sudaneses han desarrollado lo que parece una jeringa de metal para extraer las vainas de semillas de las plantas porque las flores de hibisco generan más dinero si los pétalos se dejan intactos.
Kamkwamba es un ejemplo de que la innovación y el ingenio no faltan en los países en desarrollo, tanto como los recursos financieros o físicos. Las tecnologías están en su mayoría disponibles pero el principal problema es hacer que las personas con más necesidades tengan acceso a ellas.
¿Conoce usted algún ejemplo como el de este joven en Malawi? Por favor compartalo.

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